Vida larga si… pero también vida ancha

Con el cáncer llegó una angustiosa sensación de pérdida de control… en realidad, no fue una sensación, sino una pérdida real de capacidad de decisión, mi cuerpo ya no era mío, dejó de pertenecerme, al menos, temporalmente.

Y es que hasta ese momento, las decisiones eran mías (o, al menos, vivía con esa ilusión):  yo ponía el despertador por las mañanas, iba a una reunión, o al parque, quedaba a comer con mi chico, dormía la siesta los viernes.

Y de repente, mi capacidad de decidir se esfumó, y tomaron el control personas extrañas, desconocidos con bata blanca que me exploraban y pinchaban, me desnudaban, y decidían sobre lo que iban a ser los próximos meses de mi vida, sin tener demasiado en cuenta mi opinión ni, desde luego, mi sentido del pudor.

Y fue ahí, justo en ese momento, cuando sentí que “tenía que sentir” un cambio en mis prioridades, que a partir de ese momento todo lo que antes era relevante había dejado de serlo,  y es que claro… el objetivo es salvar la vida, y eso es algo muy serio, ¿verdad?

Pues si y no…

Obviamente, el objetivo final era curarme, y para hacerlo, era necesario entregar mi cuerpo a otras manos durante un tiempo. Tuve mucha suerte de entrar en el Hospital Ramón y Cajal, porque desde que puse un pie ahí sentí confianza, esperanza y seguridad. Sentí que sabían lo que hacían… así que cerré los ojos, apreté los dientes y delegué  en ellos la parte médica de mi curación.

Y me entregué en cuerpo y alma a todo lo demás: a salir a cenar, ir al cine, pasear,  apuntarme a clases de restauración, reír, bailar, abrazar, y dar besos y más besos.

Y me sentí más unida que nunca a mi entorno, a mi familia, a mis amigos, a la tierra, al mundo.

Para explicarlo, le tomo prestado a mi amigo Eduardo Lazcano su gran concepto: vida al cuadrado.

vida

Cuando tienes cáncer, la longitud de tu vida  es algo que, hasta cierto punto, escapa a tu control… y eso puede llegar a ser muy frustrante, muy difícil de asimilar.

Pero siempre hay un margen de maniobra, aunque sea muy pequeño, aunque tengas náuseas o calambres… que es tu capacidad hacer, de ese momento, “tu vida ancha”. A mi, poner ahí el foco de atención me ayudó a manejar la ansiedad y la presión, a que todo fuera más fácil.

Y ahora ya he cogido el hábito de tratar de ser feliz cada día, sin centrarme demasiado en lo que pasará mañana, ya no se vivir de otra manera, por eso, a veces, siento que juego con ventaja… porque al final, la vida, no es más que un recipiente que hay que llenar de experiencias.

Y si, ya lo se, siempre hablo de lo mismo, soy consciente… pero es que creo que todo, siempre, se reduce a lo mismo: A VIVIR AL CUADRADO. 

telefono blanca 1549

Mi chico y yo celebrando. Verano de 2013.

 

 

 

 

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