#lascosasbonitasquetienemivida

Escribir este blog es una de las mejores decisiones que he tomado en mi vida, me siento muy orgullosa de haberla llevado a cabo. Hay muchas cosas que mejorar, se que debería ser más constante… pero siempre he tenido claro que no voy a publicar ni una sola línea por obligación, y creo que tratar de mejorarlo es parte de su encanto.

Desde el principio tuve clarísimo el enfoque que le quería dar. Mi objetivo principal era demostrar que vida y enfermedad no son elementos opuestos, que tener cáncer no es incompatible con sentir amor, alegría o felicidad. 

El cáncer es una enfermedad llena de tópicos, te convierte en un símbolo andante, dejas de ser tu… y te conviertes en “el cáncer”. De repente, todo tu mundo desaparece, y parece que sólo queda espacio para el dolor.

Ya no está permitido disfrutar: hay que aguantar el tirón, hay que armarse hasta los dientes, hay que luchar…  mi tratamiento completo fueron casi 2 años, hubiera sido espantoso pasar 2 años peleando. Mi opinión es que el lenguaje bélico no ayuda en nada, pero es que además, no creo que todo el mundo comparta esa vivencia.

Mi caso no fue así, no niego que la experiencia fue muy dura, y en ocasiones muy difícil, tanto física como psicológicamente, pero me sentí rodeada de amor, de cariño, de ternura. No hubo guerra, no hubo estado de sitio … fue una parte del camino que me ha tocado vivir, una parte necesaria para llegar hasta aquí.

Un día, el verano anterior a lanzar el blog, hablando con mi chico de lo que quería contar, él me dijo “tu no quieres hablar de cáncer, tu lo que quieres es contar lo que el cáncer ha significado en tu vida, el punto y seguido que ha supuesto para ti”. Y ala… ya tenía un concepto sobre el que trabajar, y  un nombre con el que me identificarme.

Escribir el blog fue una decisión totalmente personal, un salto al vacío muy grande nacido de la necesidad de sacar al cáncer del cajón en que se encuentra, de gritar que era posible ser feliz, que no es lo mismo “tener cáncer” que “convertirte en cáncer”.

risa

Y cuando empezó la aventura… la realidad superó todo lo que yo me había imaginado. El blog me conecta conmigo como nunca nada lo había hecho, establece un cordón hacia dentro, hace que me sienta libre y valiente. Me ha puesto en contacto con gente maravillosa, que me escribe y me cuenta experiencias muy íntimas, que me pide consejo, agradece mis palabras, se alegra de mis éxitos.

Hace algo más de un mes decidí hacer balance de los escrito hasta ahora, así que lo imprimí todo y lo leí seguido… y me di cuenta de que el eje, la columna vertebral que atraviesa cada texto no es el cáncer: es la mirada.

El cáncer cambió mi enfoque, me orientó la vista hacia la belleza, hacia la parte bonita de la vida. Quizá fue mi manera de protegerme: buscar el lado bueno, la parte mágica, pero lo importante es que a mi me funcionó. 

No recuerdo dónde está el hospital de día, a pesar de la cantidad de sesiones de quimioterapia que me pusieron allí soy incapaz de recordar la planta en que se encuentra, pero nunca olvidaré a una enfermera granadina que me hacía reír a carcajadas mientras me pinchaba. Sería capaz de reconocerla entre miles de chicas parecidas a ella.

El cáncer me enseñó que la vida tiene la magia que tu le quieras poner, pero hay que aprender a dirigir la mirada en la dirección correcta, lo bonito no acostumbra a ponerse  delante de tus narices de manera espontánea. Lo bonito hay que buscarlo, reconocerlo, valorarlo, esforzarse para que no pase por alto.

Dice Luis Rojas Marcos, que los genes son responsables del 40% de nuestra tendencia a la felicidad, puede parecer un montón, pero en realidad ese dato indica que nosotros somos los responsables del 60% restante, es decir, de la mayoría de nuestro estado de ánimo… a ser feliz se aprende, y nunca es tarde.

Me parece alucinante que se asuma con total naturalidad que hay que esforzarse para aprender matemáticas o ser un buen profesional en cualquier campo, y, sin embargo, se considere que la felicidad tienen que llegar espontáneamente, sin que nosotros hagamos absolutamente nada por buscarla.

De esta idea nace un pequeño nuevo proyecto que me hace mucha ilusión, y que va paralela al blog: #lascosasbonitasquetienemivida.

El primer paso ha sido abrir un perfil en Instagram @mi_punto_seguido en el que estoy realizando un pequeño experimento:  buscar cada día un detalle bonito, y  compartirlo. Esto me obligará a parar, a buscar, a pensar, a disfrutar. Es un primer botón que pulsar.

Quizá ayude a no dejarme llevar por el estrés de esta vida, a ser un poquito más consciente de la suerte que tengo. A no olvidar que lo que me hace feliz.

Llevo desde el 1 de enero haciéndolo, y ya me he saltado un día… pero no se trata de ser perfecta, se trata de ir pasito a pasito, de ser consciente de las cosas que me hacen feliz… así me será más fácil buscarlas después!

Por ahora me ha hecho feliz el placer de una ducha, la mirada de un hijo, la ilusión de un viaje, Mafalda, una frase en mi pizarra, una partida de Monopoly, una sobrina en camino, una tarde con amigas… y, sin duda, este momento, sola delante del ordenador.

cosasbonitas

Este proyecto nace porque no quiero que lo urgente me impida reconocer lo importante. Porque cuando estoy en la sala de espera de mi oncóloga no me acuerdo de mi cuenta bancaria, ni de ese informe que no entregué a tiempo… me acuerdo de las cosas bonitas que tiene mi vida.

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El día que yo fui feliz
nunca pensé que fuera así,
y como nadie me avisó
no me di cuenta y me dormí,
me dormí.

Cristina Rosenvinge

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